HALEL – Nuevo tráiler
La 7ª edición de Temporada Alta Latinoamérica comienza el 1 de febrero con una apretada agenda que incluye 23 espectáculos de 12 países europeos y latinoamericanos y más de 75 funciones en las capitales de Argentina, Uruguay y Perú.
Hasta el 20 de febrero, el Festival ofrecerá espectáculos de teatro, danza contemporánea y experimental, creación contemporánea, circo y nuevas dramaturgias, procedentes principalmente de Cataluña, España, Francia, Italia, Alemania, Suiza, Finlandia, Israel, México y Colombia, además de los países anfitriones.
Lista de reproducción genial
He visto más conciertos (black midi, Yves Tumor, Rodrigo Cuevas, Fred Wesley) y sets de DJ (DJ Marcelle, Donato Dozzy, Crystalmess, PLO Man, DVS1) en los últimos dos meses que en todos los dos primeros años de la pandemia del coronavirus, lo que me hace sentir realmente satisfecho como amante de la música. Hasta finales de mayo no sentí que las cosas volvían realmente a la normalidad en cuanto a mi forma de salir, socializar y dejarme llevar por la corriente. Me lo pasé muy bien en el festival Terraforma de Milán (lo recomiendo encarecidamente) y disfruté mucho actuando en uno de los festivales más pintorescos de Europa, el Butik Festival de Tolmin (Eslovenia).
Realmente no puedo quejarme de mi verano hasta ahora. Sin embargo, por mucho que quiera pensar y escribir sobre los festivales, conciertos y raves a los que he asistido, junto con toda la nueva y emocionante música que he escuchado, hay algo más, mucho más importante, que ha estado en la mente de la gente de mi región, de mi tierra y del Mediterráneo en general.
El mes de julio fue una especie de experiencia bíblica para mí. Nunca en mi vida había pasado tanto tiempo hablando de catástrofes naturales en términos tan apocalípticos: sequía e incendios forestales por doquier, malos presagios en el horizonte, previsiones meteorológicas desalentadoras, árboles caducifolios que se desprenden de sus hojas en pleno verano, bosques coloreados de marrón y naranja como en otoño… Sé que esto se supone que es una columna de música, pero supongo que no habrá gente dispuesta a leer mis columnas una vez que jodamos este mundo para siempre, así que será mejor que empiece a predicar.
Edipo
Punta de lanza de Electrocuplé, sex symbol de la música de copla y artista polifacético, Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) es un fenómeno de las artes escénicas y de la comunicación en su sentido más amplio, cuyo desarrollo profesional sigue avanzando con paso firme.
Tiene formación musical reglada: grado medio de piano y estudios de tuba en el Conservatorio de Oviedo, así como tres años de Sonología en Barcelona. Le gusta mezclar la canción tradicional con el cabaret y el cuplé, disfruta haciendo dialogar la música electrónica con el humor, la sensualidad y la crítica social, convirtiendo sus espectáculos en una experiencia cultural y sensorial única que sólo él podría ofrecer.
Vacanța Fuerteventura,Cuevas de Ajuy
Mientras que los teatros alemanes o austriacos programan regularmente musicales clásicos de Broadway, los teatros líricos españoles se adentran en este atractivo universo en contadas ocasiones, aunque cuando lo hacen suelen producir un feliz revuelo entre su público. Este fue el caso de la producción de ¡Dama, sé buena! vista en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en 2015. El último ejemplo ha llegado desde uno de los escenarios más importantes de la geografía musical española, el Teatro Campoamor de Oviedo (capital del Principado de Asturias en la costa cantábrica), cuya temporada de zarzuela es la segunda más importante del país tras la del propio coliseo madrileño.
El festival Off de la temporada del Campoamor ha incluido una insólita reposición escénica de una revisión fantástica en un prólogo y dos actos titulada El país de la alegría, obra que había sido estrenada en el Park Theater de Nueva York en 1917. Se trata de una revista de gran espectáculo con música de Joaquín Valverde Sanjuán, más conocido como Quinito [diminutivo de su nombre de pila] Valverde, para distinguirlo de su padre Joaquín Valverde Durán, el mítico colaborador de Federico Chueca.
